AUTOMODELISMO


Chiquitos pero rápidos. Estos autitos están lejos de parecer un juguete. Llegan a rozar los 100 kilómetros por hora.


En Mendoza existe un grupo de personas que hace del hobby casi una religión. Llevadas por la pasión hacia la velocidad, su gusto por la mecánica en general y por la adrenalina que genera la sensación de pilotear un vehículo a distancia, le rinden culto a una disciplina que requiere habilidad y destreza deportiva.

Son modelistas o también llamados hobbistas, que se inclinan por el aeromodelismo o el automodelismo, dependiendo de sus gustos. Aunque son dos actividades que comparten su esencia, en el fondo son muy distintas.

En la actualidad hay más de una decena de clubes dedicados al vuelo de aeromodelos en la provincia, que reúnen a más de un centenar de hobbistas. Uno de ellos es la Agrupación Aeromodelística Cordón del Plata, cuyos integrantes se reúnen todos los sábados en Luján para simplemente “volar”, como ellos dicen.

“Si todos nosotros tenemos algo en común es que los sábados venimos a distendernos, a disfrutar de volar un avión, para alejarnos un poco del estrés generado entre semana por la actividad laboral”, cuenta Leonardo Cucher.

“Hay una conexión permanente entre semana, para programar la actividad del sábado”, dice Diego Masi, que practica esta disciplina desde hace tres años.

Mientras unos elevan su avión por los aires, otros se encargan del asado y viceversa. Y después todos se juntan en la mesa a compartir sus experiencias del día.

Julio Pontoni, el más experimentado del grupo, va más allá en el arte de volar: “Es como si estuviéramos volando arriba del avión. Lo sentimos en las manos y en la mente”.

Pontoni también afirma la teoría de que “detrás de toda esta pasión por el aeromodelismo puede ser que exista la sensación del piloto frustrado”.

El automodelismo, otro mundo
Lejos de la tranquilidad y los aires de relajamiento que destila el aeromodelismo, se encuentra el automodelismo radiocontrolado.

Aquí existe la competencia y la rivalidad. La exigencia por llevar el auto más rápido que el resto deja la distensión y el relax para otro momento.

“Manejar un auto es más exigente que volar un avión. Acá les querés ganar a los demás, y eso por ahí genera alguna que otra bronca. Pero es hasta que termina la carrera, después nos juntamos todos a tomar un café o una gaseosa”, sostiene Fabio Ferrero, que arrancó en la actividad hace 10 años, empujado por su pasión por los fierros. En su haber tiene dos campeonatos mendocinos y una participación en el mundial que se desarrolló en Córdoba el año pasado.

“Manejar un auto parece fácil pero no lo es”, advierte, haciendo referencia a que estos modelos alcanzan los 100 kilómetros por hora y tienen una relación peso-potencia de casi uno a uno, similar a la de un Fórmula 1 verdadero.

En comparación con el aeromodelismo, el automodelismo perdona más al piloto; en caso de accidente se cambia el repuesto y listo. En cambio si un aeromodelo se cae por un error de manejo, difícilmente vuelva a volar.

La Asociación Mendocina de Radio Control se encarga de la organización del certamen local, que congrega a alrededor de veinte automodelistas. Por lo general la pista se diagrama en la playa de estacionamiento de algún hipermercado.

“Por lo menos te lleva unas diez carreras encontrarle la vuelta al auto. Es un hobby, pero que se toma muy en serio”.